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Trasmitir esperanza

El comienzo de año suele estar lleno de actividades y compromisos que copan nuestro tiempo y nos hacen correr de un lado a otro. Este año, un evento no programado nos hizo detenernos por un momento y repensar nuestras prioridades. El terremoto del 27 de Febrero no ha dejado a nadie indiferente y aunque para algunos tuvo efectos más difíciles de superar que para otros, es una experiencia de la que nadie puede quedar ajeno. Respecto a como sobreponernos a este evento devastador hemos escuchado recomendaciones de expertos que nos invitan a hablar de aquello que sentimos y pensamos, así como a acoger especialmente a los niños en sus miedos y entregarles información adecuada para trasmitirles tranquilidad y sensación de control.

Si bien es probable que no volvamos a enfrentarnos a una situación de crisis producto de un terremoto en varios años más, existen otro tipo de crisis que a la mayoría de las familias les toca enfrentar alguna vez a lo largo de su historia como son la perdida de un familiar, la cesantía de uno de los padres, una separación, un cambio de barrio o colegio, la repitencia de un hijo, etc. Las crisis se caracterizan por ser eventos que marcan un antes y un después en la vida de quien las vive y nos obligan a hacer uso de todos nuestros recursos personales (y comunitarios) para salir adelante.

Y aunque no podemos escoger aquellas crisis que nos toca vivir, hay ciertos recursos que como familia y colegio podemos desarrollar y fortalecer en nuestros hijos y que los ayudarán no solo a superar las situaciones difíciles, sino a salir fortalecidos de ellas. La Resiliencia es conocida como la capacidad de sobreponerse a la adversidad, superarla y salir positivamente transformado de esta. Los niños resilientes suelen responder positivamente frente a los conflictos cotidianos, son flexibles y sociables, son optimistas y empáticos, capaces de acudir al adulto cuando lo necesitan, y generalmente tienen buen sentido del humor.

La pregunta entonces es ¿Cómo ayudamos a desarrollar la capacidad de resiliencia en nuestros hijos y alumnos?

Un primer aspecto a tener en cuenta es que la promoción de la resiliencia no es tarea de un sector determinado, sino de todos los adultos que tienen la responsabilidad de cuidar y proteger a niños y adolescentes y entregarles afecto, confianza básica e independencia. Así mismo, debemos comprender que no se trata de un estado, sino de un proceso, la resiliencia no es una capacidad estática si no que puede variar a través del tiempo y las circunstancias.

Hay ciertos ambientes familiares que favorecen el desarrollo de la resiliencia y estos se caracterizan por:

  • Entregar amor incondicional, expresarlo física y verbalmente.

  • Promover vínculos afectivos, empáticos y solidarios.

  • Promover la equidad y el trato igualitario entre las personas.

  • Estimular la entretención sana y el sentido del humor.

  • Practicar un estilo de disciplina democrática, con normas y límites claros, pero a la vez contenedor y acogedor.

  • Mantener una comunicación fluida y abierta, especialmente durante la adolescencia.

  • Equilibrar la entrega de ayuda a los niños con la promoción de su autonomía.

  • Elogiar los logros.

  • Alentar a los hijos a asumir la responsabilidad de sus comportamientos.

  • Mostrarse como adultos accesibles, responsables y atentos a las necesidades de los niños.

  • Favorecer en ellos un sentimiento de seguridad y confianza en sí mismos.

  • Trasmitir optimismo, esperanza y expectativas positivas apropiadas a la edad de cada uno.

  • Ser modelos en la forma de solucionar problemas, dar oportunidades para que los niños y adolescentes opinen y aprendan de los errores.

  • Apoyarse entre los miembros de la familia y compartir responsabilidades en el hogar.

Probablemente todos hemos conocido a alguien que, a pesar de que muchos factores en su vida nos hacían pensar que le sería extremadamente difícil salir adelante, nos encontramos con que han logrado cumplir las metas que se propusieron y hoy son personas plenas y felices. Seguramente todas esas personas encontraron a lo largo de su vida, al menos una persona que creyó incondicionalmente en ellos y lograron darle un sentido esperanzador a sus dificultades.

Personalmente conocí a un niño que desde que entró al colegio tuvo serias dificultades de aprendizaje, se esforzaba mucho y aun así no obtenía los resultados que buscaba. En quinto básico repitió de curso y cuando la mayoría a su alrededor pensábamos que sería muy difícil para él afrontar esta crisis, lo vimos enfrentarse con optimismo y sentido del humor a su nueva realidad ¡Incluso contento por los nuevos amigos que ganaba! Las dificultades de aprendizaje siguieron, pero llegó a cuarto medio y hoy estudia la carrera universitaria que escogió. Ese niño estaba rodeado de una familia, un colegio y en especial de una mamá que creyó siempre en él y así se lo hizo saber.

Hoy tenemos una gran oportunidad de ser sembradores de esperanza y resiliencia, aprovechémosla.

Josefina Soffia
Psicóloga Departamento de Apoyo

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